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Albarracín: Lugares de Interés

Hacia 1169 el dominio musulmán fue pacíficamente traspasado a manos de la familia de origen navarro de los Azagra, quienes establecieron hasta 1284 un señorío independiente de Aragón y de Castilla bajo la tutela de Santa María. Inmediatamente después, en 1172, se erigió el obispado de Albarracín, dependiente del arzobispo de Toledo. En el siglo XVI se construyó la actual catedral, que configura una de las imágenes emblemáticas de la ciudad de Albarracín. El tipo seguido en su construcción es el habitual del siglo XVI en la provincia de Teruel, heredado del gótico levantino: nave única cubierta con bóveda de crucería, capillas entre los contrafuertes y cabecera poligonal; esquema que se vio modificado con la adición de capillas en los siglos posteriores. La construcción de este templo se inició con la obra de la cabecera en 1528, a cargo del cantero Martín de Castañed. Unos años más tarde, en 1536-1537, este mismo cantero está trabajando en el coro, del que debió de dar la traza pero que realizarán Gonzalo de Barrio Dajo y Rodrigo de Utíenes. Una vez realizada la cabecera y los pies faltaba por levantar el cuerpo de la iglesia entre ambos, obra de la que se encargó Pierres Vedel entre 1556 y 1559. Antes de que concluyera el siglo XVI se inició la torre, cuya capitulación la firmó el cantero Alonso Barrio Dajo en 1594. Situada junto a la cabecera, es de planta cuadrada y rematada con un cuerpo octogonal, similar a la de Villar del Cobo, obra del mismo cantero.

Entre las capillas posteriores destaca la de Nuestra Señora del Pilar, comenzada en 1735. Cubre sus bóvedas de medio cañón con lunetos y cúpula en el presbiterio. El retablo mayor fue capitulado en 1566 por el escultor Cosme Damián Bas, y es, junto al retablo de San Pedro, un buen ejemplo de la escultura turolense del XVI.

Unido a la catedral a través de un claustro se encuentra el palacio episcopal, recientemente restaurado y que hoy se puede visitar al ser habilitado como Museo Diocesano. Construido en el siglo XVIII con la intervención del arquitecto carmelita Francisco José Pina, es una casa con torreón-lucernario en la escalera que, debido a las sucesivas intervenciones, ha acabado formando un verdadero laberinto de salas y escaleras. Dos elementos son dignos de interés: la cocina, con su campana para fuego bajo, y la capilla, decorada con ingenuas pinturas a modo de trampantojo.

Junto al torreón de Doña Blanca se encuentra la iglesia de Santa María, en la que también intervino Quinto Pierres Vedel. El esquema que sigue es el mismo visto en la catedral: nave única con capillas entre los contrafuertes, bóvedas estrelladas y cabecera poligonal. No obstante, en los muros exteriores aparecen algunos elementos mudéjares que parecen indicar que fue terminada por otro maestro. A finales del siglo XVI se le añadió la capilla de la Comunidad, cubierta con una cúpula decorada con interesantes estucos renacentistas. En ella fue enterrado Quinto Pierres Vedel. El retablo mayor dedicado a la Virgen del Rosario, pieza clave para entender la pintura renacentista en el sur de Aragón, lo realizó Jerónimo Maya en torno a 1582.

Algo posterior es la iglesia de Santiago, cuya fábrica fue iniciada en 1600 bajo la dirección de Alonso del Barrio Dajo. El esquema básico vuelve a repetir la fórmula de nave única con capillas entre los contrafuertes, bóveda de crucería y cabecera poligonal, pero la solución exterior difiere al ser englobadas la nave central y las capillas laterales en un mismo volumen, compartiendo la cubierta. La torre se levantó en 1726. En el interior del templo destaca el retablo dedicado a San Sebastián, uno de los primeros ejemplos de la introducción de la pintura renacentista en la provincia de Teruel, realizado por Jerónimo Martínez en 1524.

En la calle que lleva a la iglesia de Santa María se localiza la ermita de San Juan. Construida en el siglo XVII, cubre sus tramos con bóvedas de cañón con lunetos. El atrio que la precede se encuentra tapiado. Es de propiedad particular.

En el Arrabal se construyó en el siglo XVIII la ermita de Santa Bárbara. Muy sobria, cubre sus dos tramos con bóveda de cañón con lunetos.

La ermita del Santo Cristo de la Vega es fruto de sucesivas fases constructivas. Entre 1632 y 1640 se debió de construir la nave con bóveda de crucería estrellada, mientras la capilla mayor con cúpula se fecha en 1701-1703. El coro se levantó entre 1716 y 1719. Su origen, sin embargo, debe remontarse a la Edad Media, como lo atestigua la imagen románica de la Virgen, tal vez del siglo XIII.

Fruto de las ideas ilustradas del obispo Juan Francisco Navarro Salvador y Gilaberte se construyó el colegio de las Escuelas Pías, cuyo volumen destaca en el camino a Teruel. Los planos fueron dados por el hermano Blas del Espíritu Santo, quien trabajó en la obra hasta 1746, año en que fue sustituido por el hermano Andrés de la Virgen del Pilar.

En la vega se halla el convento de las Dominicas de San Bruno y San Esteban, construido según las planos dados en 1621 por fray Tomás Gómez. La iglesia cubre su única nave con bóveda de medio cañón con lunetos. La joya de este convento, un Cristo de marfil con el árbol de la Vida, de origen filipino, se conserva actualmente en el Museo Diocesano de Teruel.

Albarracín posee uno de los mejores conjuntos de arquitectura civil de la provincia de Teruel. Dentro de este capítulo cabe comenzar con el ayuntamiento, que conforma la plaza Mayor. Fue construido a comienzos del XVII, trabajando en él, en 1627, los canteros Juan de Ezpeleta y Pedro Fortet. Su forma difiere del tipo habitual. Lo primero que destaca son los enormes contrafuertes que fue necesario levantar para salvar el desnivel, tal como se aprecia desde la vega. La fachada se constituye actualmente en forma de U, con soportales en el piso inferior, que en el ala izquierda se abren con arcos de medio punto. El ala derecha es de reciente construcción (1957).

 
En 1222, Albarracín se constituyó en la cabeza de una de las comunidades aragonesas, junto a la de Calatayud, Daroca y Teruel. La actual casa de la Comunidad, construida en el XVI, sigue el tipo habitual en la arquitectura doméstica tradicional de la ciudad.

Otros edificios de arquitectura civil proceden de época de la Ilustración, como la casa de la Enseñanza, de 1778, con su torre-lucernario, o el Hospital, acabado en 1789, actualmente rehabilitado como museo municipal.

Albarracín posee una serie amplísima de casonas y palacios de distintas épocas. La casa de la Brigadiera, actual hotel Azagra, que procede del siglo XVI, poseía pinturas manieristas en algunas de sus habitaciones. Junto a ella se encuentra la casa de los Navarro de Arzuriaga, del siglo XVII, con torre-lucernario seguramente construida con la reforma del XVIII, cuando se decoró su fachada con elementos de influencia andaluza, debido a las relaciones establecidas a través de la trashumancia. En la calle de la Catedral se halla la casa de los Monterde. Posee, además del magnífico escudo situado sobre el portalón, una interesante torre lucernario que ilumina su escalera.

 
El encanto de Albarracín reside en sus callejuelas estrechas, con casas cuyos aleros parecen tocarse; con sus muros de yeso rosa donde a veces aparece el entramado de madera a cara vista, y sus bellas rejerías que junto a su situación en la ladera del monte la dotan de variadas y bellas vistas casi desde cualquier punto que pueda ser observada.

Los mayos de la Sierra de Albarracín se celebran cada primavera desde tiempo inmemorial. Sin embargo la transformación social y la despoblación que ha sufrido esta tierra los ha hecho desaparecer de casi todos los pueblos, y donde se han conservado se ha perdido la primigenia significación del ritual. Albarracín se llena de visitantes la noche del 30 de abril, cuando en la plaza Mayor se inicia el espectáculo folclórico: los joteros preguntan dónde vivía la Virgen y se encaminan en ronda hasta la plaza de la Catedral, donde se le cantarán los mayos o coplillas a ella dedicados. Originariamente, cuando los jóvenes solteros realizaban la subasta y pujaban por las mozas de la localidad se incluía también a la Virgen y era un honor ser su mayo. Luego se continúa la ronda por las calles, en teoría por las casas de las mayas, seguida por un público numerosísimo. Se ha perdido el ofrecer dulces y bebida a los mayos por parte de las jóvenes, que tampoco les dan los huevos pintados con esmero que se vendían para recoger dinero y celebrar todos juntos una merienda. Los mayos de Albarracín ya no son un rito favorecedor de matrimonios endogámicos pero sí una manifestación peculiar y diferenciada del folclore popular de la provincia.

Además de los mayos, el toro es el otro rasgo característico de las fiestas en la comarca. A mediados de septiembre las fiestas patronales celebran a Santa María y al Santo Cristo de la Vega, y el encierro de reses bravas inicia los actos taurinos. La noche anterior se prepara la plaza Mayor como plaza de toros: se extienden las arenas y se valla con troncos, configurándose un coso de talanqueras de particular encanto; hasta aquí llegarán los novillos que se corren por la cuesta de Teruel y que los días siguientes serán toreados. También habrá novillos para los mozos del pueblo y vaquillas para disfrute de los vecinos del lugar que demostrarán valentía y arrojo. El Ayuntamiento subastará los toros tras las novilladas en un acto público en la casa consistorial, al igual que previamente hizo con los palcos, mulillas y otros preparativos de la fiesta. La devoción popular se expresa en la novena y romería a la ermita del Santo Cristo de la Vega el día 14, donde es habitual encontrar peregrinos llegados de pueblos vecinos en cumplimiento de alguna promesa.

Las almojábanas son el dulce tradicional de Albarracín, ya documentado en el siglo XI. De reminiscencias árabes, se compone de aceite, harina, huevos y agua, aunque ya no se incluye el queso o la cuajada, ingredientes fundamentales hasta el siglo XVIII.

La oferta museística es amplia. El Museo del Juguete acoge la colección Eustaquio Castellano, que expone 7.000 piezas datadas entre 1850 y 1960; en el Museo Catedralicio destaca, además de varias piezas significativas, la colección de tapices flamencos; y también pueden visitarse el Museo Martín Almagro y algunas exposiciones permanentes, por ejemplo de forja.

 
 
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