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Calomarde: Lugares de Interés

Hay varios puntos de interés especial desde el punto de vista paisajístico y geomorfológico. Por una parte, el cañón del río Blanco, aguas arriba del pueblo, donde el valle se estrecha y las dolomías se modelan en formas caprichosas, con algunos monolitos calcáreos y cuevas. Otra zona interesante es el inicio del cañón del Molino, por donde el río sale de la hoya de Calomarde a través de paredes de calizas y con un curso meandriforme. En este sector existe un conjunto de cascadas de gran belleza, entre las que destaca la cascada principal, con una caída de unos 15 m de altura, en un espacio lleno de pozas y cavidades, donde crecen los musgos y se mantiene un medio húmedo constante. Los travertinos en donde se enmarcan las cascadas forman plataformas de carbonato cálcico depositadas por el río y contienen restos de vegetales (musgos, hojas, tallos, troncos) habiendo sido datada su formación en el Holoceno, hace unos 7.000-8.000 años. En este mismo ámbito se localiza el Rollo de Calomarde, un puente natural de dolomías, resto de una antigua cavidad, y que queda en posición elevada en la orilla de la carretera. También habría que destacar las acumulaciones, visibles debido a los cortes realizados en el margen de la carretera, de derrubios estratificados periglaciares, con niveles de cantos angulosos claramente visibles, que son un testimonio de las etapas frías cuaternarias que afectaron a estas sierras y que cuenta en el cañón de Calomarde con algunos de los ejemplos más vistosos. Numerosos canchales de funcionalidad actual pueden apreciarse en los pies de los escarpes calizos a lo largo del estrecho valle.

En sus alrededores destaca el extenso y antiguo bosque abierto de sabina albar (Juniperus thurifera), sobre el que frecuentemente planean buitres y chovas piquirrojas, y el barranco de la Fuente del Berro, en el que convive una vegetación de carácter xérico como las aliagas, tomillos y agracejos junto a pinares de pino silvestre, sabinas albares y enebros. La presencia de frecuentes pozas en el fondo del barranco permite observar diversos anfibios.

Procedentes de un monumento funerario romano existen dos sillares actualmente empotrados en la pared oriental de la iglesia, que en 1611, cuando los vio el conocido cartógrafo portugués J. B. Labaña, se hallaban aún exentas. Las inscripciones que figuran en uno de ellos lo identifican como perteneciente a la gens Terentia, mientras que los motivos decorativos del otro lo datan a partir de época flavia, es decir, a partir de fines del siglo I d.C.

Las lápidas debieron de ser reutilizadas poco después de la visita de Labaña en la construcción de la iglesia de San Pedro Apóstol que ya estaba concluida en 1616. La presencia de Juan Alonso de Hontanilla en 1609 como habitante de esta localidad ha llevado a plantear su posible participación en las obras de la iglesia. Su estado actual procede de la reforma realizada entre 1807 y 1810. El templo posee dos naves cubiertas con bóveda de medio cañón con lunetos, funcionando la nave más ancha como principal y la otra como capillas. La torre cuadrada se sitúa a los pies y tiene escasa altura.

Al patrón del pueblo está dedicada la ermita de San Gil Abad, que con la ermita de San Sebastián completan la arquitectura religiosa de la localidad.

Las fiestas patronales de San Gil Abad se celebran a mediados de agosto, procurando que no coincidan con las de los pueblos de alrededor. Aunque ya no se realiza encierro de reses bravas, sí persiste todavía la novillada, que tiene lugar en la singular plaza de toros del pueblo, situada a las afueras de la localidad, en dirección a Frías de Albarracín. Ese mismo día, el llamado "día del toro", mozos y mozas recorren las casas del pueblo, siguiendo la antigua costumbre de "pedir la torta". Con lo recaudado, comida y bebida, acuden a la novillada, repartiendo entre todos los presentes lo que será la merienda. Al día siguiente, una vez más, el toro reúne a los vecinos y veraneantes en una comida comunitaria cuyo menú es siempre carne de novillo guisada.

Aunque en la zona no existe tradición de embolar toros, en Calomarde se saca uno por las calles, previamente delimitadas con barreras. El animal ilumina la noche con las dos bolas de fuego que se colocan sobre la testuz y el hombre demuestra su valentía y su astucia jugando con él, corriendo el toro.

 
 
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