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Castillos

El singular emplazamiento de la ciudad de Albarracín ha condicionado el enriscado de sus murallas y torreones entre sus bruscas pendientes naturales lo que le ha conferido al entorno una gran belleza.

El recinto amurallado de Albarracín destaca sobre el meandro sinuoso del río Guadalaviar. Su caserío se asienta sobre un espolón rocoso rodeado por una profunda hoz que le sirvió de foso natural inexpugnable. El castillo principal sobresale por encima de la torre de la catedral. Fue la alcazaba de los Benu Razín, importante familia berebere que dominó sobre estas tierras entre los siglos IX-XII. Adopta planta triangular y presenta muros de piedra rebajados con cubos redondeados en las esquinas. Las sucesivas excavaciones arqueológicas van sacando a la luz las características de las diversas dependencias que componían el palacio real así como la organización defensiva del mismo.

La fortaleza estaba protegida por la torre de La Muela y por la torre del Andador (siglos X-XI). Ésta última estaba protegida por un foso. Tiene planta rectangular donde se pueden observar algunos elementos típicos de época califal. La ciudad todavía conserva parte del lienzo de sus murallas. El muro que desemboca en la torre del Andador desde el torreón es de época taifal mientras el que asciende desde la puerta de Molina aprovechó una cimentación posterior. Por lo tanto el Alcázar, la torre de la Muela y la torre del Andador conformaron el primitivo recinto defensivo formado por la fortaleza franqueada por dos torreones vigías. Esta primera composición fue ampliada en el siglo XI por la pared que sigue el curso del río por la muralla de la Engarrada hasta la catedral, obra que fue acabada por Pedro IV en la segunda mitad del siglo XIV tras la guerra con Castilla.

En el extremo opuesto destaca la torre de Doña Blanca, fortificación envuelta en leyenda, cuyos muros tal vez se erigieron a comienzos del siglo XIV por mandato del rey Jaime II. De sus puertas de acceso destacamos el portal de Molina, punto de salida hacia el NE de la sierra, el portal del Agua próximo al palacio del obispo que permitía a los sitiados abastecerse de los recursos del río, el portal de Teruel que conectaba con la capital turolense y la puerta del Hierro en la calle de la catedral, que en principio era la única que permitía la entrada a la ciudad. Pero la solidez de los muros de las fortificaciones de Albarracín no sólo sirvieron para defender a sus habitantes de los ataques castellanos, franceses... El amplio espacio intramuros también permitió acoger los rebaños de los aldeanos en caso de guerra u hostilidad.

La fortaleza de Albarracín tenía establecido a su alrededor un cinturón de seguridad mediante la instalación de pequeños recintos defensivos. El castillo de Santa Croche emplazado en un peñasco vigila en sus inmediaciones el curso del Guadalaviar. Después de los Azagra perteneció a la familia de los López de Heredia, señores de Santa Croche y Gaybiel, futuros condes de Priego. Tiene planta irregular donde destaca un torreón rectangular con bóveda de medio cañón. En la actualidad semeja a un nido de águilas.

La escasa población que acogió la sierra de Albarracín en el pasado no requirió la construcción de amplios recintos amurallados para su defensa. De entre ellos destacamos el castillo de Ródenas del que apenas quedan vestigios. Apostado frente a la fortaleza de Peracense formó parte de la línea de defensa trazada en la frontera castellana. Muy próximo a él se sitúa sobre una plataforma rocosa el castillo de los Hares o de la Torre el Buco (término de Pozondón) muy semejante en cuanto a su estructura al castillo de Zafra. Estuvo vinculado a la familia de los Garcés de Heredia. La iglesia parroquial de Jabaloyas está rodeada por una cerca de mampostería con un polígono de seis lados y fortificada con almenas y saeteras. Podría datarse tal vez en el siglo XV. Aunque ya aparece citada en el siglo XIII, Jaime II otorgó a sus habitantes en el año 1300 el privilegio de no pagar la pecha a costa de sufragar la reparación de esta fortificación. El hecho de tratarse de una iglesia amurallada le concede un gran valor añadido. Otras fortificaciones se hallan situadas en El Loparde (Royuela). Las heredades medievales de La Peña, La Conejera, La Torre de los Arganza, el Loparde del Medio o del Palomar, el Loparde de Orruño después llamado de los Garceses, fueron torres/masías fortificadas que defendían las algaradas castellanas procedentes del castillo de Veguillas (hoy Torrefuerte) dependiente del marquesado de Moya.

Otros recintos defensivos ya desaparecidos se localizan en Gea de Albarracín, solar de los Fernández de Heredia, Orihuela del Tremedal, datado al menos en el año 1300 y destruido por orden de Felipe V, Bronchales, citado a mediados del siglo XV ante las incursiones del caballero de Motos, Noguera, Tramacastilla, el origen semántico de su nombre así lo denuncia, Torres, Monterde y Calomarde.

Otros topónimos muy frecuentes están relacionados con lo que comentamos: castellejo, castillejo, castellar, castillo, torrejón, en ocasiones hacen referencia a antiguas líneas defensivas, torres de vigilancia o muros de fortificación de menor entidad.

 
 
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