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Arte Religioso

Esta comarca al sur del reino de Aragón contó desde el siglo XII con obispado. Cuando el caballero navarro Pedro Ruiz de Azagra ocupó militarmente la taifa bereber, la pobló y dotó de fuero, hizo las gestiones necesarias para conseguir que la ciudad de Santa María asumiera la restauración de un antiguo obispado visigodo, primeramente con el título de Arcabricense y posteriormente con el de Segobricense.

Con la conquista de la ciudad de Segorbe, el Papa Alejandro IV decretó la unión eclesiástica de ambos territorios y la diócesis se amplió hacia las tierras levantinas. La situación se mantuvo hasta que en 1577, tras el concilio de Trento, se decretó la desmembración de dichas iglesias. La diócesis quedó reducida a la ciudad de Albarracín, su comunidad de aldeas, y algunas villas y lugares próximos a dicha sierra.

Para su atención espiritual se crearon treinta y una parroquias, distribuidas en cuatro Sesmas. La ciudad contaba con tres. La que se ubicaba en la catedral (El Salvador), la de Santiago, y la de Santa María. El resto de las veintiocho localidades del obispado sólo disponían de una. Terriente, (parroquia de El Salvador), Arroyofrío (Santísima Trinidad), Bronchales, Frías, Jabaloyas, Monterde, Saldón (que compartían la advocación de la Asunción), Bezas (Visitación), Toril (Santos Abdón y Senen), Tramacastilla (Santa Ana), Royuela (San Bartolomé), Pozondón y Ródenas, con la singularidad de estar construida con piedra de rodeno, (las dos bajo la titularidad de Santa Catalina), Villar del Cobo (Santos Justo y Pastor), Noguera, Torres de Albarracín (San Miguel), Orihuela (San Millán de la Cogolla), Valdecuenca (San Nicolás), Guadalaviar (Santiago Apóstol), Calomarde, Griegos y Moscardón (ambas con parroquias dedicadas a San Pedro Apóstol) se correspondían con las aldeas de la Comunidad de Albarracín. Tramacastiel (El Salvador), Alobras (San Fabián y San Sebastián), Veguillas (Santísima Trinidad), El Cuervo (Asunción), Tormón (Nuestra Señora de la Natividad), y Gea (San Bernardo) pertenecían al señorío de Conde de Fuentes, y Rubiales (La Asunción) a la Comunidad de Teruel.

En Royuela, en el siglo XIII, según el trinitario José Rodríguez, funda el Monasterio el mismo S. Juan de Mata en 1208. Según otros en 1270 se funda el Monasterio de N.ª S.ª de los Dolores en el Val de Royuela. “Nos D. Pedro por la gracia de Dios obispo de Segorbe y de Sta. M.ª… damos al Ministro Mayor y a todos los frailes de la Orden de la Sma. Trinidad de los Cautivos, la iglesia que es llamada Sta. M.ª de Royuela”. Dicha iglesia era de origen románico. Fue el lugar de reuniones de la Comunidad de Albarracín y de la Mesta, también tiene el título de primer Monasterio de la Sierra de Albarracín. “La devoción de la Sma. Virgen de los Dolores, titular del Convento y de su iglesia, fue tan grande desde los comienzos de la fundación que allí convergía la piedad de toda la Comunidad”. A las parroquias tenemos que unir las ermitas y santuarios. En Frías, por poner un ejemplo, los cincuenta vecinos construyeron seis ermitas en 1606. En total 62 recintos de culto cristiano diseminados por las sierras. Algunos, como El Cristo de la Vega, en las afueras de la ciudad, y sobre todo el Santuario de Nuestra Señora del Tremedal que está representada en una talla gótico-renacentista, en Orihuela, constituyen un auténtico punto de referencia para los habitantes.

En estas iglesias se asientan un total de 224 capillas, entre las que destacan, por su reiteración, las dedicadas al Santo Cristo –13-, Nuestra Señora del Rosario –25- y a las ánimas del purgatorio-13.

Tampoco hay que olvidar las comunidades religiosas. En el siglo XVII se establecieron los dominicos, tanto en su rama masculina - junto a la iglesia de Santa María- como femenina, - cuyo convento de San Bruno y San Esteban se mantiene en la actualidad en la vega de Albarracín-. En el señorío de Gea, los carmelitas calzados y las capuchinas. Por último, en las afueras de la aldea de Royuela, los trinitarios tenían desde el siglo XIII un monasterio, hoy destruido. Junto a él se celebraban fiestas religiosas, y las mestas de ganaderos.

Casi todas las capillas y fábricas de las iglesias son de los siglos XVI, XVII y XVIII. Aunque hay una excepción en Ródenas, ya que se pueden ver capillas gótico tempranas que se datan en el siglo XIII, se podría decir que pertenecieron a una iglesia hoy desaparecida que estaría en el tránsito entre el románico y el gótico. Del siglo XV tan sólo se nos han conservado pequeñas obras, pero de extraordinaria factura, como el retablo de San Juan, en Ródenas, o una cruz procesional de Noguera, hoy en el museo diocesano. En la segunda mitad del quinientos la actividad constructiva fue intensa. Se rehicieron los templos de Saldón, Royuela, Monterde, Ponzondón, con una espectacular torre defensiva, o Terriente, con un magnífico atrio pagado por el concejo en 1585. Se remodeló la iglesia de Villar del Cobo. Se crearon las parroquias de Guadalaviar, Arroyofrío o Alobras, anteriormente ermitas. Se multiplicaron el número de fundaciones y capellanías. Todo ello unido al desarrollo económico de las sierras, empujado por el auge del precio de la lana y la abundancia de ganado trashumante.

Del siglo XVI hay que destacar la obra de la catedral de Albarracín, atribuida a Quinto Pierres Vedel, con un magnífico retablo renacentista dedicado a San Pedro, o un conjunto de tapices flamencos que recrean la vida de Gedeón, que hoy se pueden contemplar en el palacio episcopal, hoy reconvertido en museo. De estos años es la iglesia de Santa María, también de Pierres Vedel, con su interesante capilla de la Comunidad, donada a esta institución por el obispo Francisco Soto de Salazar, en agradecimiento por su ayuda para reedificar el templo. De este mismo siglo es la iglesia de Ródenas, que se inauguró en 1588; su estructura cuenta con espectaculares sillares de piedra de rodeno.

En el siglo XVII se inició la actual iglesia de Santiago, en Albarracín, o la parroquia de Gea, y se terminaron otras iniciadas en la centuria anterior, como la de Bronchales. Se impuso el estilo barroco en decoraciones y retablos, que culminaría en una obra tan efectista como la capilla del Pilar de la catedral de Albarracín, financiada por el obispo Juan Francisco Navarro Salvador y Gilaberte, ya en el siglo XVIII. Pero el mejor ejemplo de arte barroco de la sierra lo constituye la iglesia de San Millán, en Orihuela, de porte catedralicio, obra del arquitecto turolense José Martín de Aldehuela.

 
 
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