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Parque Cultural de Albarracín

La figura jurídica reconocida por el Gobierno de Aragón como Parque Cultural designa a un territorio que contiene elementos relevantes del patrimonio cultural, integrados en un marco físico de valor paisajístico y ecológico singular, que goza de promoción y protección global, con especiales medidas de salvaguarda para sus valores destacados.

Patrimonios que conforman el acervo cultural de un pueblo: la historia, el arte, la arquitectura, la paleontología, los museos, los paisajes, la artesanía... En los parques se integran, por primera vez, las actuaciones de protección conjuntas del patrimonio natural y del cultural.

En diciembre de 1998 la UNESCO declaraba Patrimonio de la Humanidad las Pinturas Rupestres del Arco Mediterráneo español, donde están incluidas las pinturas de los ríos Vero, Martín y de Albarracín y algunas otras. Dentro del Parque Cultural de Albarracín podemos encontrar ejemplos de casi todas las etapas, desde los toros naturalistas estáticos de Albarracín que se datan entre el 6000 y el 3500 a.C., el arquero de Albarracín que corresponde al estilo dinámico estilizado con una datación del 3000 al 2000 a. C., también estilos de transición entre el naturalismo y el esquemático en la Cueva de Doña Clotilde y el Barranco del Pajarejo y arte esquemático en Pozondón (grabado) que podría haberse realizado entre el 1800 y el 700 a.C.

En la zona oriental de la sierra turolense de Albarracín, los términos municipales de Albarracín, Ródenas, Pozondón, Bezas y Tormón definieron inicialmente el territorio de este Parque Cultural, concebido en torno a una serie de paisajes antrópicos - empezando por el conjunto histórico de la propia localidad de Albarracín- y de bienes de singular interés cultural como las pinturas de arte rupestre, que configuran un espacio de gran valor ecológico, cultural y turístico. El elemento común del parque lo constituyen el color rojizo de las areniscas del Triásico. Las manchas rojas salpican el paisaje natural del mismo tono con que se adornan aquí los palacios y las casas solariegas.

Los pinares de rodeno, impulsados por el hombre para su aprovechamiento resinero, así como las áreas de pastos, hicieron retroceder sabinas, enebros y encinas, más propios del ecosistema original. Pero antes de las transformaciones paisajísticas operadas desde la revolución neolítica hasta la industrial, el hombre dejó su huella en los abrigos de los barrancos tallados en las calizas y areniscas de la sierra de Albarracín en forma de pinturas rupestres. Son los conjuntos de arte rupestre del Rodeno de Albarracín, Tajadas de Bezas, Olivanas, Ligros y Pajarejo de Albarracín y el Prado de Tormón. Tales conjuntos constituyen la raíz y la clave de este Parque Cultural. Se localiza la mayor presencia de arte postpaleolítico en menos kilómetros cuadrados. El arte rupestre se concentra en cuatro zonas:

a. En el Rodeno del Albarracín, a 4 km de esta localidad, la mayor presencia de arte postpaleolítico en menos kilómetros cuadrados, con una variedad de estilos y figuras. Es obligada la visita al abrigo de los Toricos del Prado del Navazo, para contemplar grandes y blancas figuras de animales, así como al abrigo del Medio Caballo, en el camino del Arrastradero, donde se puede ver la figura de la que surge su propio nombre, o al de Doña Clotilde, donde los estilos seminaturalistas y esquemáticos se localizan en un solo covacho.

b. En el conjunto de las Tajadas de Bezas, a 19 km de Albarracín y antes de llegar a Bezas, se encuentran los abrigos de Huerto de la Tajada Bajera, con representaciones semiesquemáticas; el de la paridera de la Tajada de Enmedio, con representaciones de antropomorfos y animales de entre los que sólo se destaca un cérvido blanco del que se conservan los cuartos delanteros y el abrigo conocido como contiguo a la paridera de las Tajadas de Enmedio, que muestra dos hermosas ciervas blancas de estilo naturalista, una de ellas en actitud de abrevar. Recientemente descubierto el abrigo de los Callejones y Arroyo1.

c. Por su parte, el conjunto de Ligros, Pajarejo y Olivanas de Albarracín, a 40 km de la cabecera de la comarca, nos lleva a un paisaje espectacular de callejones en rodeno verde prado y construcciones tradicionales de interés, denominado masía de Ligros, en cuyas proximidades se halló, en 1986, un importante grupo de abrigos con grabados de época reciente, algunos fechados en el siglo XVII. Aquí nace el barranco de Pajarejo, con agua casi todo el año. Dentro de él, en 1959, se localizó un abrigo que presenta una pequeña escena seminaturalista. La que se considera como la “capilla sixtina” de todo el arte postpaleolítico peninsular se encuentra en el abrigo del prado de las Olivanas. Fue descubierta en 1926 y reúne una muy interesante mezcla de estilos y de distintas intensidades de color.

d. Finalmente, el conjunto del Prado de Tormón, a 40 km de Albarracín y a más de una hora de viaje por pista forestal que une esta localidad con Tormón, atesora el abrigo de la cerrada del Tío Jorge, del que es de destacar un toro en actitud de embestir, el abrigo de las Cabras, con un curioso techo de cabras blancas o el abrigo de la Paridera, con una supuesta escena de domesticación.

e. No hay que olvidar que en los términos municipales de Ródenas y Pozondón se encuentran grabados. Estas manifestaciones del arte rupestre levantino se localizan en el Puntal del Tío Garrillas en Pozondón, esencialmente jinetes esquemáticos, y los cruciformes de la Peña La Albarda, también el barranco de la Gran Figura que por su tamaño se encuentra entre las primeras de Europa.

Estas pinturas, en opinión de los expertos, señalan lugares con características excepcionalmente idóneas para la caza, a los que se desplazarían gentes de diferentes comarcas para realizar un ritual.

 
 
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