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Leyendas

Albarracín

Doña Blanca: Hace muchos años existió una joven infanta de Aragón llamada, doña Blanca todo el mundo la quería por sus muchas virtudes, pero la futura reina le tenía envidia. Una vez su cortejo se detuvo en Albarracín siendo hospedada en el palacio de los Azagra. Después de esa noche nadie la volvió a ver. Algunos dicen que murió de pena y tristeza en la torre que lleva su nombre. Aún hoy en las noches de luna llena en verano, se dice que su alma baja a las orillas del Guadalaviar, donde se baña su espíritu.

La cruz del Campo de San Juan: Cuando pasaba ante esta cruz el obispo de Albarracín fray Juan Bautista de Lanuza, se inclinaba para reverenciarla. Cuentan que cuando falleció era llevado en un túmulo para ser enterrado en la iglesia de Santa María y al pasar frente a la cruz su cadáver se incorporó para saludar a la cruz tal como lo hacía en vida.

Bezas

La iglesia de los Santos de Oro: Cuenta la leyenda que encaminándose una pastora por aquellos andurriales apacentando su ganado, se adentró tras una oveja perdida, en una grieta profunda. La grieta resultó ser un pasadizo que aún estrechándose se adentraba en la roca. Siguió por tan angosta galería sin poder imaginar lo que al final le estaba esperando; un templo de oro macizo con columnas, altar, imágenes y todos los utensilios de oro y piedras preciosas que brillaban de forma impresionante ante una tenue luz. La pastora tomó un cáliz de oro y bebió agua de un manantial que brotaba dentro del impresionante recinto, entrando acto seguido en un profundo sueño. Al despertar, se encontraba fuera de la cueva, en uno de los muchos desfiladeros rodeada por su rebaño. Al volver a Bezas, relató lo que le había ocurrido a los vecinos del lugar, yendo éstos a buscar la misteriosa iglesia con santos de oro a las Tajadas, especialmente por la Peña del Hierro, pero nadie encontró ni ha encontrado nunca la entrada a tan enigmática iglesia en las muchas búsquedas que se han realizado especialmente por la muchachería del lugar.

Bronchales

El dragón Goloso: Se cuenta que entre Bronchales y Orihuela hay una cueva en la que vivía un dragón, era un ser peculiar porque se alimentaba de dulces, a diferencia de otros dragones que se dedicaban a comer personas. Éste prefería robar la comida a los pastores y beberse la leche de las nodrizas. Su apetito le hizo ganarse el apelativo del dragón Goloso. El final del animal llegó cuando los habitantes del pueblo localizaron la cueva y le prendieron fuego.

Calomarde

El molino de las Pisadas: Junto al nacimiento del río de la Fuente del Berro había un bosque donde nadie había penetrado jamás. Era un lugar prohibido. Cierto día, un pastor introdujo sus cabras en ese bosque. Mientras él golpeaba los pinos con su garrote, de pronto las cavidades de la montaña resonaron con estruendo. El ganado emprendió la fuga y la flauta cayó de las manos del pastor. El mismísimo diablo, envuelto en llamas, le perseguía. El pastor consiguió huir, saltando el río desde la roca, pero el diablo dejó allí las huellas de sus pisadas, que todavía siguen grabadas en la dura piedra, junto a las ruinas del viejo molino.

Griegos

El toro de oro se refiere a un toro que fue enterrado en la muela de San Juan por un caudillo árabe para que no lo robaran y tanto lo escondió que no ha aparecido y se sigue buscando todavía.

Guadalaviar

La cueva de la Mora cuenta que un caudillo árabe tuvo que irse a la guerra y dejó a su mujer escondida en una cueva que hay encima del molino. El marido nunca regresó y la mujer murió, pero cuentan que cada año a la mañana de San Juan ella (o su espíritu) baja al río a lavarse y a peinarse, después vuelve a su escondite en la cueva.

Jabaloyas

En la tradición brujeril de Teruel, el monte de Javalón ocupa el lugar más destacado. La primera referencia escrita a la brujería en la provincia se remonta a principios del siglo XII. En el fuero de Teruel se determina “que la mujer que echase mal de ojo o maleficios ya los hombres, a los animales o a otras cosas sea quemada viva. También eran condenadas las mujeres dedicadas a prácticas ocultas con hierbas”.

En lo alto del Javalón, las brujas hacían sus aquelarres, dejando sus ropas escondidas. Según se cuenta, si se ponía una cruz de ruda sobre esa ropa no podían recuperarla… Lo cierto es que aún hoy a los habitantes de este pueblo se les llama “brujas”. Para retomar ese origen mágico de la localidad, se celebra la fiesta del Solsticio.

Monterde de Albarracín

La tradición cuenta que la ermita del Carmen de la localidad tuvo una fundación basada en una leyenda. Un pastor iba con su rebaño y de pronto el cielo se nubló y se preparó una tormenta inesperada, aceleró el paso para llegar al pueblo, pero su esfuerzo fue en vano y se mojó entero y los rayos comenzaron a caer, entre relámpago y truenos el pastor soltó una maldición:
¡Mecagüen…ojalá vinieran los diablos y se me llevaran!
El deseo se cumplió en el acto. Apareció un macho cabrio con faz de demonio y le cogió entre las piernas cuesta abajo. La respuesta del pastor no se hizo esperar:
¡Ay, Virgen del Carmen, donde me deje este animal te levantaré una ermita!
Y así fue, construyó la ermita y en su zócalo hizo que se pintaran las escenas que representan la historia, ahora está borrada.

Orihuela del Tremedal

La ermita del Tremedal, se construyó en ese monte porque según cuenta la leyenda Nuestra Señora la Virgen del Tremedal se apareció a un sencillo pastor manco que cuidaba de su rebaño, la Virgen dice al pastorcillo que tiene hambre, instándole para que comparta con ella la comida que lleva en el zurrón.

El pastor, ante la sonrisa de la Señora. Comprende lo que quiere y se dispone a satisfacer aquel deseo. Y cuando maniobra con su mano única para sacar de la bolsa su torta, la Virgen le detiene con una mirada, diciéndole, con esa mano no, con la otra. El pastor le dice “cuanto diera yo por tener la otra, que ahora me falta”, pero la Virgen insiste, decidido mete su muñeca derecha en el zurrón y al sacarla de nuevo está la mano en su lugar, rendido de gozo y de emoción se postra a los pies de la Señora para darle las gracias por el bien recibido y pedirle cuenta de cuanto desee, que él lo realizará en el momento.

La Señora le dijo: “Baja a Orihuela y publica el favor que te he hecho y hazles saber de mi parte que yo he tomado asiento en esta sierra, que gusto de ser en ella venerada para consuelo y beneficio de sus vecinos”.

Ródenas

La Moricantada cuenta que una chica del lugar, hija de un cristiano viejo, se enamoró del hijo del Emir, su fama era muy mala, así que el padre de la chica no les dejó casar. Ella estaba muy enamorada y tenía un gran pesar, la madre veía la pena de su hija por lo que a la muerte del padre, a pesar de que él había escondido su dinero, lo encontró y se lo dio a la hija como dote para casarse. El hijo del Emir aceptó la dote y recluyó a la chica en el palacio de la Atalaya y le pidió más dinero a la suegra para gastarlo en vicios, así que la madre maldijo al enamorado de su hija, pues la dejó morir en la torre del castillo. La madre escondió el dinero, nadie sabe donde y la maldición se materializó en que el hijo del Emir cuando llegó al poder, al poco tiempo, fue destronado abandonando la tierra en la mayor de las miserias. Hoy se llama Moricantada a la Atalaya donde se supone que se escondió el tesoro.

Royuela

El botijo de oro, se dice que está enterrado en el Valle, junto a los Mayos donde existe un poblado, hay que señalar que esta leyenda ha fomentado una excavación para buscar el preciado tesoro.

Tramacastilla

Antaño, cuando los árabes eran los dueños de estos parajes, sorprendieron a las tropas del Cid en el profundo y angosto desfiladero del Barrancohondo. El leal escudero de Rodrigo Díaz de Vivar, Pero o Pedro Gil, consiguió huir con su caballo, pero desconocedor de estas tierras, se adentró hacia una terrible garganta que él creía una extensa llanura. Los moros, buenos conocedores del territorio, dejaron que se dirigiera hacia ese lugar y cuando creían tenerlo acorralado, Pedro Gil espoleó su caballo y con un prodigioso salto pasó por encima del tajo, quedando las huellas de las patas traseras del corcel grabadas en la roca. Desde entonces, se ha cantado la hazaña de este valeroso vasallo del Cid, y al lugar se le ha denominado “el salto de Pedro o Pero Gil”

Villar del Cobo

La piel del toro de oro: Dicen que se encuentra este fabuloso tesoro enterrado por los habitantes de un poblado árabe en el actual término de Villar del Cobo, cuando se marcharon de estas tierras; concretamente en un punto casi mágico y cargado de simbolismo en “La Peña del Sol”, un pico equidistante entre las poblaciones de Villar del Cobo, Guadalaviar y Griegos, y en la que algunos escritos cuentan que se reunían los representantes de los tres pueblos para tratar asuntos de interés común.

 
 
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