Orihuela del Tremedal

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ORIHUELA

Orihuela del Tremedal se sitúa junto al río Gallo, afluente del Tajo. Su entorno cercano corresponde a los materiales paleozoicos de los macizos del Tremedal y del Nevero, que ocupan respectivamente el oeste y el sur del término municipal de Orihuela, destacando la importancia del primero de ellos. Se trata de afloramientos de rocas metamórficas ordovícicas y silúricas, plegadas en forma apretada durante el movimiento herciniano y modeladas en un tipo de relieve estructural que se denomina “apalachense”, formado por crestas paralelas de cuarcitas, aplanadas en su cumbre por la erosión, entre las que se intercalan bandas de pizarras que son aprovechadas por la red fluvial para abrir sus valles. Así, al sur de Orihuela se identifican 6 alineaciones principales de crestas de cuarcitas, correspondiendo la más oriental al Caimodorro (1.920 m). Entre ellas circulan los arroyos de Gargantavellanos, de la Garganta, de los Ojos y del Villarejo en dirección hacia el río Gallo.

En las laderas y fondos de estos valles paralelos que atraviesan el macizo del Tremedal existe un fenómeno muy espectacular, ya que están recubiertos por grandes bloques de cuarcita. Se trata de acumulaciones de origen periglaciar, generadas por una intensa acción del hielo en las paredes de las crestas cuarcíticas en fases frías del Pleistoceno y movilizadas ladera abajo hasta rellenar el fondo del valle. El agua circula entre los bloques, oyéndose en ocasiones el ruido del agua en profundidad.

Varias panorámicas espectaculares de estos relieves se observan desde la subida a la ermita del Tremedal, en las cercanías de Orihuela y, una vez arriba, asomándonos hacia el valle de la Garganta. También junto a la carretera que desde Orihuela sube hacia el puerto de Noguera. Desde la ermita mencionada hay igualmente una vista espléndida de buena parte de la Cordillera Ibérica, e incluso se llega a divisar la mole del Moncayo en días claros.

En la sierra se explotó el mineral de hierro (hematites), que facilitó la presencia de herrerías productoras de forja tradicional, de las que tantas muestras interesantes tiene Orihuela, pudiendo observarse numerosos puntos con restos de escombreras de estas explotaciones.

El paisaje está dominado por los pinares de pino albar o Pinus sylvestris, que esconden una gran abundancia de fauna, de entre la que el ciervo es su animal más emblemático. Por otra parte, la presencia de turberas en las zonas más encharcadas de la sierra permiten el desarrollo de una flora muy específica y singular.

La parte situada al norte de Orihuela y del río Gallo abarca el macizo paleozoico del Nevero (1.829 m) y unas formaciones calcáreas fuertemente aplanadas, con extenso desarrollo de dolinas. Más al este se extiende una gran depresión de origen estructural, ya que está marginada por fallas, que ha tenido posteriormente una evolución como depresión fluvio-kárstica o polje y que se extiende desde Bronchales a Orihuela, a lo largo de unos 8 km. Su fondo es plano y con una anchura que llega a ser de hasta 2 km en algunos puntos, estando tapizado por cantos y materiales arcillosos, lo que ha dado lugar a una importante zona de cultivos tanto en Orihuela como en Bronchales, con el que comparte esta unidad de relieve. El arroyo Cavero recorre el límite del polje por el noreste y fluye hacia el río Gallo. Merece destacarse la existencia en su superficie de pequeñas depresiones, bien visibles junto a la carretera, cerca de Orihuela. Son debidas a la subsidencia de dolinas existentes en las calizas por debajo de la capa de materiales aluviales, que se amoldan a ellas, denominándose “dolinas aluviales”.

LUGARES DE INTERÉS

El yacimiento arqueológico de mayor interés es el poblado ibérico del Castillejo-El Toril, con restos de una muralla ciclópea. Otros enclaves de la misma época son los del Hoyón del Torrejón, Las Tejadas y El Castillo, reocupado en época medieval.

No lejos del castillo se encuentra la iglesia de San Millán, quizás el mejor templo barroco de toda la provincia, única obra conocida del arquitecto José Martín de Aldehuela en todo Teruel. Los maestros albañiles fueron Manuel Gilabert y Juan Chavarria. La primera piedra se puso en 1770 y se terminó en 1776. Manteniendo los esquemas característicos de las iglesias turolenses del siglo XVIII, es decir tres naves cubiertas con bóveda de medio cañón, José Martín de Aldehuela introduce una serie de elementos que personalizan el resultado final, con un hábil uso de la decoración y la luz. En las bóvedas de las naves laterales ideó un escalonamiento ascendente conforme se aproximan al crucero, zona culminante de luz con la cúpula presidiendo el espacio. La decoración de las cornisas bordeando los arcos, las ventanas en forma de concha, los cajeados y las pinturas al fresco complementan a la perfección el conjunto. La fachada, sin ser espectacular, demuestra un elegante sentido de la arquitectura, manteniendo elementos tradicionales como el pórtico a la entrada. La torre, tras un tramo cuadrado de mampostería, se remata con un cuerpo octogonal de ladrillo.

El retablo mayor procede de la anterior iglesia, y en él trabajó el escultor Pedro de Castillejo a mediados del siglo XVII. En el momento de la construcción del templo Juan Conejo realizó el retablo del Santo Cristo, que fue dorado en 1777 por Melchor Gutiérrez. Al poco tiempo, Miguel Collado realizó el púlpito, una de las joyas del rococó turolense.

En sus calles se pueden apreciar numerosas muestras de excelente trabajo en forja, realizado a lo largo de la historia por los herreros de la localidad, como puede advertirse en la casa de los Franco Pérez de Liria, magnífica casona del siglo XVIII con interesante alero. También en el balcón del ayuntamiento aparece un excelente trabajo de forja. El edificio es de tres plantas, con fachada de cantería en la que se abre una lonja de dos arcos, ya existente en 1598.

Otra lonja aparece en un edificio de una sola planta, situado junto a la iglesia, posible pósito, donde el obispo de Albarracín recogía el grano de las primicias.

En una plataforma de la montaña, a tres kilómetros de la población, se encuentra el santuario de la Virgen del Tremedal. Aunque de origen medieval, como lo demuestra la talla románica de la Virgen, de mediados del siglo XIII, el actual templo se construyó en el siglo XIX, tras ser destruido por las tropas francesas en 1809. En 1880 se reconstruyó con planos de Fernando Yarza; se concluyeron las bóvedas de medio cañón con lunetos que cubren su nave única en 1888, realizadas por el albañil Domingo Abril, quien dos años después llevó a cabo el altar mayor, pintado por José Martínez en 1893.
A medio kilómetro de la población se halla la ermita de Santa Bárbara, tal vez del siglo XVIII. Posee una nave cubierta con bóveda de medio cañón con lunetos.

En una masía que fue propiedad de los Fernández Rajo se encuentra la ermita del Torretón, fechada en 1605. Conserva en su interior una interesante techumbre de madera de tradición mudéjar.

La Virgen del Tremedal es la patrona de Orihuela, con fiestas el segundo fin de semana de septiembre. La romería al santuario de la Virgen, sito en el cerro de su mismo nombre, confirma la devoción que no sólo los oriolanos sino todos los pueblos de la sierra, incluidos los de la vecina provincia de Guadalajara, tienen a la Virgen del Tremedal. Se recorren a pie con la imagen los 4 kilómetros que separan la ermita de la población; al llegar se dan las consabidas tres vueltas alrededor del edificio antes de entrar y cantar los gozos, y la misa será al aire libre porque sólo la explanada puede acoger a todos los asistentes.

La tradición taurina propia de los pueblos serranos se vuelve a plasmar aquí en encierros, novilladas y vaquillas. El lunes y el martes, hacia mediodía, se van a buscar a caballo los astados al puerto y se traen hasta la plaza de toros situada a las afueras del pueblo, que fue inaugurada en 1983 y que tiene capacidad para más de 2.000 personas. Los aficionados de Orihuela salen al ruedo para que el encierro dure el mayor tiempo posible, pero además el martes por la tarde suelen torear los novillos, pues a ellos se reserva ese festival taurino animado por las peñas. El último día, el miércoles, se guisa la carne de un becerro que reunirá una vez más a la gente alrededor del toro.

En la villa hay una ganadería de vacas bravas y en 1999 se recuperó la feria ganadera que había dejado de celebrarse a partir del año 1815.

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